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viernes, 5 de octubre de 2012

Ali Baba, y Los 30 Ladrones II

El Origen de estos Paraísos

La empresas petroleras durante los años 60 diseñaron un esquema operativo para evadir impuestos que además servía para pagar lo mínimo a los países de donde extraían el crudo.
Para evitar las consecuencias de accidentes en el transporte marítimo habían ideado el truco del país con bandera de conveniencia (Liberia, Panamá,…). Una empresa pantalla con sede en estos países fletaba el petrolero y la empresa petrolera (Standard Oil, o cualquier otra) vendía el crudo a la empresa de transportes.
Si ocurría un desastre como el del Exxon Valdez, los responsables eran compañías fantasmas sin patrimonio y por tanto inembargables. Con ello las petroleras evitaban gastos de seguro que hubieran sido enormes. El sistema era permitido por las agencias internacionales y los estados pues de esta forma el petróleo resultaba más barato.
Pero las petroleras le sacaron otra ventaja al sistema.
Vendían el crudo a estas empresas radicadas en Liberia o Panamá a un precio muy bajo con lo que Arabia o Kuwait no podrían exigir demasiado dado el corto margen de beneficio que registraban las empresas extractoras. Ahora bien, la empresa naviera de conveniencia vendía muy caro el crudo a las refinerías situadas en los países industriales, con el resultado de que Standard Oil y las demás petroleras no obtenían beneficio alguno en su país de origen y por tanto no pagaban impuestos.
Este sistema evidentemente requería que las autoridades gubernativas hicieran la vista gorda, lo cual se conseguía a base de fuertes dosis de lobbying y también por la nula presión de una sociedad cada vez más petróleo-dependiente.
Pronto surgieron imitadores entre las multinacionales mineras que establecieron esquemas parecidos. Finalmente, tras la proliferación de los paraísos offshore, el sistema de precios de transferencia se generaría a todos los sectores operados por las multinacionales con lo que los ingresos de los estados dependen única y exclusivamente de los impuestos al consumo y de la renta de los asalariados sin asesores fiscales.
El 77% de las multinacionales sigue estrategias de precio de transferencia para evadir impuestos. El 68% de ellas declaraba integrar esta estrategia desde la fase de concepción de sus productos.
El mercado de eurodólares
Para que los modernos centros financieros off Shore entraran en escena hacía falta la aparición previa de un andamiaje institucional que permitiera mantener cuentas “privadas” en dólares fuera de EEUU y fuera de las regulaciones financieras de EEUU.
A esto se le llama: cuentas numeradas bajo secreto bancario.
El mercado de eurodólares apareció durante la guerra fría. A finales de los 50 la URSS necesitaba mantener cuentas en dólares para sus operaciones comerciales con el resto del mundo pero temía tenerlas en cuentas de bancos situados dentro de EEUU sometidas a posibles represalias (como las que sufrieron las cuentas iranianas tras la caída del Sha).
Los bancos ingleses, ávidos de las suculentas comisiones a deducir, se prestaron al negocio abriendo cuentas denominadas en dólares fuera del alcance de las regulaciones norteamericanas, en sucursales creadas especialmente para ello. Había nacido el mercado de eurodólares.
Los mismos bancos norteamericanos establecieron sucursales con cuentas secretas numeradas en Londres y en otros centros financieros para no dejar escapar el negocio.
El caso del Citibank evadiendo beneficios a Nassau ha sido estudiado por Lucy Komisar. En 1961 el Citibank se convirtió en el primer negociador de “certificados de depósitos en euro-dólares negociables”, el uso de los cuales servía para evadir impuestos norteamericanos, regulaciones sobre reservas mínimas, etc. y en 1969 abrió una sucursal en las Islas del Canal que se convertiría en una meca para los fondos de las grandes fortunas europeas.
La ventaja de estas sucursales offshore era que los depósitos en dólares acumulados quedaban al margen de las regulaciones monetarias. No requerían crear reservas legales adicionales en su casa matriz y podían prestarse a tipos de interés al margen del sistema de la RF.
Cuando las autoridades monetarias norteamericanas establecieron medidas restrictivas para corregir el déficit de su Balanza de Pagos a causa de la guerra del Vietnam, los grandes bancos norteamericanos disponían de dólares no sometidos a estas regulaciones que pudieron prestar a las multinacionales norteamericanas que querían evitar aquellas restricciones.

Hacia la proliferación. EEUU hace la competencia a Suiza. Las sucursales off Shore de la banca norteamericana.
El gobierno británico, necesitado de entradas de capital para mantener la paridad de la Libra no dudó en apoyar el mercado de eurodólares (en este caso euro-libras) , y animó a la creación de paraísos fiscales en algunas de las islas del Canal de la Mancha y del Mar del Norte para atraer hacia su moneda los flujos crecientes de capitales de las mafias, narcos, dictadores cleptócratas y demás culos de mal asiento.
Pero fueron finalmente las mismas autoridades norteamericanas las que promocionaron el andamiaje institucional que llevaría a la proliferación de paraísos off Shore. Los déficits de la Balanza de Pagos ponían en manos extranjeras dólares que podían ser utilizados para comprar activos estratégicos norteamericanos.
Para contrarrestar estos déficits había que atraer capitales a las sucursales de los bancos americanos en el exterior sustituyendo el incentivo de subir los tipos de interés norteamericanos a cambio de otro tipo de incentivos: la privacidad, el secreto y la ocultación fiscal.
De la misma manera que el franco suizo se revalorizaba por momentos, el $ americano se reforzaría a base de inyecciones de oscuros capitales foráneos en busca de “privacidad”. Fueron el mismo departamento de Estado y el Tesoro norteamericanos los que incitaron a los bancos de EEUU a establecer sucursales con cuentas numeradas y secreto bancario en el exterior para atraer los dólares de origen inconfessable.
 Entre otras cosas conseguían que parte de los impuestos evadidos permanecieran en casa. Se trataba de poner los servicios bancarios USA a la disposición de dictadores, traficantes, criminales e incluso adversarios de la guerra fría. Chase Manhatan y demás respondieron levantando una red de centros off Shore con el propósito de convertir América en otra Suiza a todos los efectos.
Dado este apoyo institucional, las grandes firmas auditoras y los bufetes financieros se lanzaron a asesorar a las corporaciones y ricos clientes sobre como crear cuentas bancarias en bancos off Shore en nombre de sociedades de papel. La sociedad papel sería la propietaria de los inmuebles, terrenos o acciones que los ricos tienen en EEUU.
Las plusvalías de capital obtenidas de su venta sólo pagarían los impuestos vigentes en el paraíso fiscal, es decir, nada.

En pocos años el planeta se fue poblando de diminutos “anti-estados” donde la riqueza de de las naciones es succionada con cada vez más potentes y sofisticadas formas de bombeo.
Durante décadas ha sido su existencia la que ha generado un competición suicida entre jurisdicciones reguladoras e impositivas que ha llevado a la mayoría de gobiernos a recortar impuestos al capital y ofrecerle apetitosos recortes regulatorios.
La laxa regulación “off Shore” ha creado un contagio sistémico, envenenando las regulaciones “on shore”.
La podredumbre se ha ido extendiendo desde lugares como las islas Caimán hacia lugares como Luxemburgo o Irlanda. En EEUU, un estado de la unión, Delaware, ofrece las mismas “ventajas” fiscales y regulatorias que cualquier isla tropical.
 Según un informe de Justice Network (para 2005), las fortunas privadas en paraísos fiscales sumaban la cifra de 11.5 billones de $ que generarían una renta anual de 0.86 billones de $ libre de impuestos. Si estos impuestos se contabilizaran sumarían una enorme cantidad que seguramente mejoraría la calidad de vida de los habitantes del planeta de forma sustancial.
Esto se ha traducido en una regresión fiscal creciente a medida que los gobiernos se ven constreñidos por un lado a recaudar impuestos indirectos, recayendo la carga fiscal casi exclusivamente sobre los no ricos, y por otro a postergar la inversión en infraestructuras y el gasto social redistributivo.
La evasión fiscal corrompe el buen funcionamiento de un sistema impositivo y distorsiona el funcionamiento de la economía puesto que castiga el comportamiento ético y premia la corrupción y la trampa, socavando el principio de solidaridad y la integridad del sistema democrático

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