El Origen de estos Paraísos
La empresas petroleras durante
los años 60 diseñaron un esquema operativo para evadir impuestos que además
servía para pagar lo mínimo a los países de donde extraían el crudo.
Para evitar las consecuencias
de accidentes en el transporte marítimo habían ideado el truco del país con
bandera de conveniencia (Liberia, Panamá,…). Una empresa pantalla con sede en
estos países fletaba el petrolero y la empresa petrolera (Standard Oil, o
cualquier otra) vendía el crudo a la empresa de transportes.
Si ocurría un desastre como el del Exxon Valdez, los responsables eran compañías fantasmas sin patrimonio y por tanto inembargables. Con ello las petroleras evitaban gastos de seguro que hubieran sido enormes. El sistema era permitido por las agencias internacionales y los estados pues de esta forma el petróleo resultaba más barato.
Si ocurría un desastre como el del Exxon Valdez, los responsables eran compañías fantasmas sin patrimonio y por tanto inembargables. Con ello las petroleras evitaban gastos de seguro que hubieran sido enormes. El sistema era permitido por las agencias internacionales y los estados pues de esta forma el petróleo resultaba más barato.
Pero las petroleras le sacaron
otra ventaja al sistema.
Vendían el crudo a estas
empresas radicadas en Liberia o Panamá a un precio muy bajo con lo que Arabia o
Kuwait no podrían exigir demasiado dado el corto margen de beneficio que registraban
las empresas extractoras. Ahora bien, la empresa naviera de conveniencia vendía
muy caro el crudo a las refinerías situadas en los países industriales, con el
resultado de que Standard Oil y las demás petroleras no obtenían beneficio
alguno en su país de origen y por tanto no pagaban impuestos.
Este sistema evidentemente
requería que las autoridades gubernativas hicieran la vista gorda, lo cual se
conseguía a base de fuertes dosis de lobbying y también por la nula presión de
una sociedad cada vez más petróleo-dependiente.
Pronto surgieron imitadores
entre las multinacionales mineras que establecieron esquemas parecidos.
Finalmente, tras la proliferación de los paraísos offshore, el sistema de
precios de transferencia se generaría a todos los sectores operados por las
multinacionales con lo que los ingresos de los estados dependen única y
exclusivamente de los impuestos al consumo y de la renta de los asalariados sin
asesores fiscales.
El 77% de las multinacionales
sigue estrategias de precio de transferencia para evadir impuestos. El 68% de
ellas declaraba integrar esta estrategia desde la fase de concepción de sus
productos.
El mercado de
eurodólares
Para que los modernos centros
financieros off Shore entraran en escena hacía falta la aparición previa de
un andamiaje institucional que permitiera mantener cuentas “privadas” en
dólares fuera de EEUU y fuera de las regulaciones financieras de EEUU.
A esto se le llama: cuentas
numeradas bajo secreto bancario.
El mercado de eurodólares
apareció durante la guerra fría. A finales de los 50 la URSS necesitaba
mantener cuentas en dólares para sus operaciones comerciales con el resto del
mundo pero temía tenerlas en cuentas de bancos situados dentro de EEUU
sometidas a posibles represalias (como las que sufrieron las cuentas iranianas
tras la caída del Sha).
Los bancos ingleses, ávidos de
las suculentas comisiones a deducir, se prestaron al negocio abriendo cuentas
denominadas en dólares fuera del alcance de las regulaciones norteamericanas,
en sucursales creadas especialmente para ello. Había nacido el mercado de
eurodólares.
Los mismos bancos
norteamericanos establecieron sucursales con cuentas secretas numeradas en
Londres y en otros centros financieros para no dejar escapar el negocio.
El caso del Citibank evadiendo beneficios a Nassau ha
sido estudiado por Lucy Komisar. En 1961 el Citibank se convirtió en el primer
negociador de “certificados de depósitos
en euro-dólares negociables”, el uso de los cuales servía para evadir
impuestos norteamericanos, regulaciones sobre reservas mínimas, etc. y en 1969
abrió una sucursal en las Islas del Canal que se convertiría en una meca para
los fondos de las grandes fortunas europeas.
La ventaja de estas sucursales
offshore era que los depósitos en dólares acumulados quedaban al margen de las
regulaciones monetarias. No requerían crear reservas legales adicionales en su
casa matriz y podían prestarse a tipos de interés al margen del sistema de la
RF.
Cuando las autoridades
monetarias norteamericanas establecieron medidas restrictivas para corregir el
déficit de su Balanza de Pagos a causa de la guerra del Vietnam, los grandes
bancos norteamericanos disponían de dólares no sometidos a estas regulaciones
que pudieron prestar a las multinacionales norteamericanas que querían evitar
aquellas restricciones.
Hacia la
proliferación. EEUU hace la competencia a Suiza. Las sucursales off Shore de la banca norteamericana.
El gobierno británico,
necesitado de entradas de capital para mantener la paridad de la Libra no dudó
en apoyar el mercado de eurodólares (en este caso euro-libras) , y animó a la
creación de paraísos fiscales en algunas de las islas del Canal de la Mancha y
del Mar del Norte para atraer hacia su moneda los flujos crecientes de
capitales de las mafias, narcos, dictadores cleptócratas y demás culos de mal
asiento.
Pero fueron finalmente las
mismas autoridades norteamericanas las que promocionaron el andamiaje
institucional que llevaría a la proliferación de paraísos off Shore. Los
déficits de la Balanza de Pagos ponían en manos extranjeras dólares que podían
ser utilizados para comprar activos estratégicos norteamericanos.
Para contrarrestar estos
déficits había que atraer capitales a las sucursales de los bancos americanos
en el exterior sustituyendo el incentivo de subir los tipos de interés
norteamericanos a cambio de otro tipo de incentivos: la privacidad, el secreto
y la ocultación fiscal.
De la misma manera que el franco suizo se revalorizaba por momentos, el
$ americano se reforzaría a base de inyecciones de oscuros capitales foráneos
en busca de “privacidad”. Fueron el mismo departamento de Estado y el Tesoro
norteamericanos los que incitaron a los bancos de EEUU a establecer sucursales
con cuentas numeradas y secreto bancario en el exterior para atraer los dólares
de origen inconfessable.
Entre otras cosas conseguían
que parte de los impuestos evadidos permanecieran en casa. Se trataba de poner
los servicios bancarios USA a la disposición de dictadores, traficantes,
criminales e incluso adversarios de la guerra fría. Chase Manhatan y demás
respondieron levantando una red de centros off Shore con el propósito de
convertir América en otra Suiza a todos los efectos.
Dado este apoyo institucional,
las grandes firmas auditoras y los bufetes financieros se lanzaron a asesorar a
las corporaciones y ricos clientes sobre como crear cuentas bancarias en bancos
off Shore en nombre de sociedades de papel. La sociedad papel sería la propietaria
de los inmuebles, terrenos o acciones que los ricos tienen en EEUU.
Las plusvalías de capital
obtenidas de su venta sólo pagarían los impuestos vigentes en el paraíso
fiscal, es decir, nada.
En pocos años el
planeta se fue poblando de diminutos “anti-estados” donde la riqueza de de las
naciones es succionada con cada vez más potentes y sofisticadas formas de
bombeo.
Durante décadas ha sido su
existencia la que ha generado un competición suicida entre jurisdicciones
reguladoras e impositivas que ha llevado a la mayoría de gobiernos a recortar
impuestos al capital y ofrecerle apetitosos recortes regulatorios.
La laxa regulación “off Shore”
ha creado un contagio sistémico, envenenando las regulaciones “on shore”.
La podredumbre se ha ido extendiendo desde lugares como las islas Caimán hacia lugares como Luxemburgo o Irlanda. En EEUU, un estado de la unión, Delaware, ofrece las mismas “ventajas” fiscales y regulatorias que cualquier isla tropical.
La podredumbre se ha ido extendiendo desde lugares como las islas Caimán hacia lugares como Luxemburgo o Irlanda. En EEUU, un estado de la unión, Delaware, ofrece las mismas “ventajas” fiscales y regulatorias que cualquier isla tropical.
Según un informe de Justice Network (para 2005), las fortunas
privadas en paraísos fiscales sumaban la cifra de 11.5 billones de $ que generarían
una renta anual de 0.86 billones de $ libre de impuestos. Si estos impuestos se
contabilizaran sumarían una enorme cantidad que seguramente mejoraría la
calidad de vida de los habitantes del planeta de forma sustancial.
Esto se ha traducido en una regresión
fiscal creciente a medida que los gobiernos se ven constreñidos por un lado a
recaudar impuestos indirectos, recayendo la carga fiscal casi exclusivamente
sobre los no ricos, y por otro a postergar la inversión en infraestructuras y
el gasto social redistributivo.
La evasión fiscal corrompe el
buen funcionamiento de un sistema impositivo y distorsiona el funcionamiento de
la economía puesto que castiga el comportamiento ético y premia la corrupción y
la trampa, socavando el principio de solidaridad y la integridad del sistema
democrático
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